SUSANA FERNÁNDEZ: ¿ADIÓS A LAS ARMAS?

Lo que resulta difícil de aceptar es que esa misma pasión por la seguridad que se esgrime en relación a las armas nucleares no se haga extensible a las armas ligeras (pistolas, rifles, ametralladoras, granadas, minas y explosivos) que cada año son las responsables de cientos de miles de muertes si se suman las víctimas de la violencia en países como la República Democrática del Congo, Sudán, Somalia, Uganda, Brasil, Colombia y Nepal. Y a las que Kofi Annan, secretario de Naciones Unidas, ha calificado como las “verdaderas armas de destrucción masiva”.
Sorprende que los Estados Unidos, tan dispuestos a lanzar guerras preventivas y encerrar a cal y canto a sus presuntos enemigos para lograr así un mundo “menos violento”, no hayan ratificado siquiera el Tratado de Ottawa de 1997 que prohíbe la fabricación y venta minas antipersonal. O que en este momento no exista legislación internacional alguna que controle la producción y el comercio del armamento convencional. Aunque quizás un dato baste para desvelar la razón de este doble discurso: el 80% de las armas ligeras que se venden en el mundo son fabricadas por los países más ricos, entre los que España ocupa un lugar privilegiado.
Originaria de Ferrol, Susana Fernández lleva cinco años trabajando en Amnistía Internacional para que se adopten a nivel mundial acuerdos que regulen este comercio. “No podemos escandalizarnos cuando se violan los derechos humanos en determinados países si somos nosotros los que les vendemos las armas”, señala. Y agrega con ironía que esto hace que las organizaciones humanitarias que se desplazan desde Occidente para ayudar a las víctimas de los conflictos se sienten como si fueran una suerte de “servicio postventa” del negocio de las armas.
Quizás uno de los casos más graves sea el de la República Democrática del Congo. Desde 1998, en una serie de enfrentamientos que poco eco han encontrado en la prensa y ante los que la comunidad internacional apenas ha reaccionado, tres millones de personas han perdido la vida (el 80% eran mujeres y niños). El gobierno del antiguo Zaire recibió armas de España, Francia, EE UU, Reino Unido y Alemania.
A través de la campaña “Armas bajo control”, Susana Fernández aboga porque se establezca una estricta legislación internacional que controle la venta de armamentos. “Debemos asegurarnos de que las armas no violen los derechos humanos, no aviven los conflictos, no atenten contra el desarrollo y no vayan a donde las Naciones Unidas han declarado embargos”, afirma.
En estos momentos el gasto mundial en armamento es de 839.000 millones de dólares al año. Los países de Asia, África y América Latina, dedican en total 22 mil millones dólares para equipar sus ejércitos. Dinero que, si se invirtiese correctamente, podría comenzar a sacar a muchos de ellos del subdesarrollo, ya que se estima que lograr la educación primaria universal costaría 10 mil millones de dólares y reducir la mortalidad infantil unos 12 mil millones.Además de privar a una parte sustancial de la población mundial del acceso a unas mejores condiciones de vida, la proliferación de armas aumenta, especialmente en los países pobres, la violencia cotidiana, tanto en los hogares como en las calles, y la inestabilidad política. De los 639 millones de armas ligeras que existen hoy, el 60% están en manos de civiles, desde bandas callejeras de Los Ángeles y Río de Janeiro, hasta grupos insurgentes en Costa de Marfil y Nepal. Solamente en el 2001, se fabricaron 16 mil millones unidades de munición, lo que corresponde a más de dos balas por cada habitante del planeta.
Otra de las consecuencias de la sobreproducción de armamento, es que ha hecho que su precio en el mercado descendiera. En 1986, el valor de un rifle AK 47 era equivalente al de 15 vacas. En 2001, al de cinco cabezas de ganado. Y hoy en día, según señala Susana Fernández, en algunos países africanos se puede comprar un rifle de asalto “al mismo precio que un pollo”.
El 2006 será un año clave, ya que Naciones Unidas celebra en junio una conferencia internacional sobre el comercio de armamento. “Esperamos que salga un acuerdo que permita regular el negocio de las armas”, afirma Susana Fernández. “Hasta ahora tenemos el apoyo de 56 países. Por eso pedimos en nuestra campaña que la gente se manifieste y que presione a los gobiernos para que haya un cambio”.

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