BRASIL 2005: LA HISTORIA DE JOAO NACIMENTO
Los catadores que cada día salen con sus carros a recorrer las calles de Fortaleza suelen quejarse de que parecen invisibles para el resto de la sociedad. Los conductores les pitan impacientes, los insultan, los rozan al pasar con sus coches. En el caso de Joao Nacimento, la indiferencia es recíproca, ya que él no puede ver a los hombres y mujeres que caminan por las zonas más prósperas de la ciudad. Al frente de su carro de metal oxidado y madera, avanza entre los coches con la cabeza levantada y la mirada perdida, como si transitase por otro plano de la realidad, mientras su mujer, Albina, le va dando indicaciones: "Gira a la derecha, camina más rápido". Cuando Albina le dice a Joao que se detenga, los dos hijos menores de la pareja saltan a la acera y abren las bolsas de basura que se apilan en las puertas de los edificios para buscar en su interior los envases de plástico, las latas, los restos de papel y cartón, que colocan en la parte trasera del carro. Joao lleva tres décadas viviendo de recoger lo que tiran los demás. Los médicos dicen que perdió la capacidad de ver por no haberse protegido de la luz solar y por el contacto prolongado con el polvo de los basurales. En los últimos tres años, las condiciones de vida de Joao han mejorado notablemente. Antes dormía junto a su mujer y sus ocho hijos en una chabola de madera construida en la margen derecha del canal que lleva las aguas fecales de Fortaleza. Hoy forma parte de una cooperativa en la que junto a otros catadores ha comprado una nave en la que clasifica y almacena la basura para luego poder venderla a mejor precio, lo que le ha permitido incrementar sus ingresos y ahorrar lo suficiente para comprarse, a los cincuenta y seis años de edad, su primera casa.[VOLVER]

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