BRASIL 2005: EL VALOR DE UNA MADRE EN LAS FAVELAS
Laurinda vive también de recoger basura. Parte por las tardes desde la favela hacia el centro de Fortaleza y regresa a las dos o tres de la mañana. Cuando no tienen escuela al día siguiente sus dos hijos la acompaña. De otro modo, se quedan a dormir en casa de una vecina hasta que ella vuelve. Laurinda, que tiene 24 años de edad, parece mayor. Sentada en el salón de su precaria vivienda se queja de que le duelen las piernas de tanto caminar. Me muestra los brazos y las manos. Los tiene cubiertos de chancros y sarpullidos consecuencia de tener que revolver cada día los botes de basura de los barrios ricos. Su marido la abandonó hace ya dos años. Su sueño, por el que trabaja de manera infatigable, es que sus hijos puedan terminar la escuela y obtener un trabajo mejor que el de ella, para lograr acceder a una vida menos dura y sacrificada. Me conmueve el cariño con que los cuida. Los baña, los peina. No los puede ayudar a hacer los deberes porque no sabe leer ni escribir. Y me conmueve también el estado de la casa en la que viven. No tiene cristales en las ventanas. Carece de puertas. Algunas paredes están sin terminar. Buena parte de lo que gana lo dedica a comprar materiales de construcción. Después, con la ayuda de los vecinos, cuando tiene algo de tiempo libre, se pone a trabajar en la casa. Dice que no le falta mucho para terminarla, que dentro de un año aproximadamente la tendrá lista.[VOLVER]

<< Home